Ofensiva que preocupa a broncos
Los Denver Broncos se llevaron una victoria agónica de 17-14 sobre los Seattle Seahawks en el Empower Field at Mile High, con un gol de campo de 53 yardas de Wil Lutz en la prórroga, después de que Ja’Quan McMillian interceptara un pase de Sam Darnold en la primera posesión del tiempo extra.
El triunfo deja a Denver con marca de 4-2, pero el análisis del partido revela problemas estructurales en la ofensiva que el cuerpo técnico de Sean Payton debe resolver con urgencia.
El número que resume la noche es 168.
Esa fue la cantidad total de yardas que produjo la ofensiva de los Broncos, la cifra más baja en un partido ganado desde el primer inicio de John Elway en 1983. Bo Nix completó 17 de 27 pases para apenas 107 yardas, sin touchdowns y con una calificación de pasador de 71.1.
El juego terrestre tampoco aportó: los Broncos promediaron menos de 3 yardas por acarreo y nunca lograron establecer un ritmo consistente en el ground game.
Las dos únicas series productivas del partido
fueron la excepción que confirma la regla: una de 16 jugadas y 79 yardas que terminó en touchdown, y otra de 9 jugadas y 44 yardas que también culminó en anotación. Fuera de esas dos posesiones, Denver acumuló dos primeros downs y 45 yardas en el resto del encuentro.
La ofensiva falló en terceros downs de manera sistemática y dependió de la defensa para mantenerse en partido.
La defensa respondió.
Los Broncos capturaron a Sam Darnold en cinco ocasiones y registraron 17 presiones totales sobre el quarterback, una cifra que refleja el colapso constante de la línea ofensiva de Seattle. La intercepción de McMillian en la prórroga fue el golpe de gracia: leyó un pase fuera de tiempo de Darnold, se lanzó y aseguró el balón para dejar a Lutz en posición de ganar el partido con el pie.
Seattle y su envión anímico
Seattle había empatado el juego con un gol de campo de 45 yardas de Jason Myers a falta de tres segundos del tiempo regular, después de una serie que consumió casi cinco minutos y que parecía inclinar la balanza anímica hacia los visitantes. Pero la prórroga duró poco más de un minuto: la intercepción de McMillian y el gol de campo de Lutz sentenciaron el resultado antes de que los Seahawks pudieran siquiera tocar el balón en tiempo extra.
El análisis posterior fue duro.
El exquarterback Ryan Fitzpatrick calificó la actuación de Nix como «poco competitiva» y cuestionó la decisión de lanzar un pase profundo en la prórroga cuando el equipo solo necesitaba ganar yardas para acercarse al rango de gol de campo.
Sean Payton reconoció en rueda de prensa que el equipo tiene «muchas cosas que limpiar», pero subrayó que el 4-2 es un registro que no se puede despreciar en una liga donde ganar es la única métrica que importa.
La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más podrá Denver sostener este modelo de victoria basado exclusivamente en su defensa

